20050708

DANIEL BARRACO: La fotografía chilena todavía es muy pobre



Daniel Barraco escribe cartas. A su pequeña hija Luiza, a su esposa brasilera Munich, a sus amigos en Mendoza -su ciudad- y a los que están repartidos en el mundo, principalmente en Francia, país en el que se desempeñó como laboratorista de algunos grandes de la fotografía mundial: Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau o André Kertész. Cientos y miles de cartas “con una tasa de retorno muy baja”, dice con humor este fotógrafo trasandino que de tanto visitarnos, exponer y hasta lanzar un libro en Chile (El sentimiento trágico del instante, Lom, 1997), terminó radicándose en Santiago, en marzo de 2004.

El halo de misterio y la atmósfera melancólica que irradia de su obra, reflejado en el carácter reflexivo, apasionado y emotivo del autor, no sufre mutación alguna con el paso de los años: “Si hay un área de mi vida que no ha estado sujeta a los vaivenes espirituales o económicos... ha sido la fotografía”, asegura el argentino que, para explicar su afán epistolar dice: “Vivimos una época de gran alienación y la gente tiene mucha dificultad para sentarse a pensar. Escribir ayuda a pensar, y pensar a querer”.

Barraco, que además es profesor en la Escuela de Fotografía del Instituto Arcos, inauguró ayer, en la Estación Mapocho, una retrospectiva que, una vez más, dejará fuera una serie de “desnudos erótico pornográficos” que el fotógrafo viene haciendo hace años: “Imágenes lo suficientemente explícitas como para que te des cuenta que hay una pareja haciendo el amor. Cuando me acerco, las imágenes se van volviendo más abstractas y cuando te alejas son más explícitas. Acompañan esa serie un conjunto de retratos de películas pornográficas, donde hay una especie de cretinización de la relación sexual. Quiero jugar con esas dos tintas, lo íntimo y lo grotesco de lo sexual. Y cómo lo grotesco aparece a veces en lo íntimo”.

Barraco no se anima a confesar si trabaja con modelos, amigos o su propio cuerpo. Pero justifica así, bromeando, la ausencia de ese trabajo: “La sociedad santiaguina no nos permite”. Y luego agrega “bromeo y no tanto”.

Paisajes, plantas, fotos de calle, retratos de hombres y mujeres. Eso sí está incluido en la actual muestra del autor, quien explica: “Traté de elegir fotografías que vistas, una al lado de la otra, mostraran la diversidad de mi trabajo, lo que habla de mi gusto por la vida. Y hay ciertas fotos muy marcadas por su temática, como lo de la familia Arriola -del libro El truco de perder la infancia, donde el mendocino retrató a un grupo de niños payasitos que trabajan en la calle- de fotografía social, de ambiente marginal, que no entraba con lo otro, donde hay una mirada más subjetiva. No es tan cierto que uno se interese tanto por lo que fotografía, al fotografiar eso uno se busca a sí mismo. Cuando haces fotografía social, al estilo de los Arriola, debes interesarte realmente mucho en ellos. Y ese lastre de denuncia es tan fuerte, igual que lo puramente estético de los desnudos”.

-¿Qué has encontrado en esta, tu búsqueda?
-Soy absolutamente partidario de un arte instintivo, que surja de las profundidades del inconsciente, por eso es que no me gusta, soy enemigo de lo posmoderno y la cosa con frases al pie. Es de lo más aburrido explicarle a la gente y decirle cómo deben ser interpretadas las cosas. ¿Lo que he encontrado? Respuestas que no son permanentes, sirven para calmar cierta angustia y desasosiego que tenemos todos. El trabajo artístico es un gran contrapeso a la sensación de finitud. He ido encontrando un sentimiento muy personal de trascendencia, de que estás dejando algo. No quiero decir con esto que mi fotografía vaya a quedar en la historia, pero sientes que algo de lo tuyo va dejando raíces.

-Como docente, ¿qué piensas de los actuales aspirantes a fotógrafos y la proliferación de escuelas?
-Cada vez sale al mundo laboral una mayor cantidad de chicos que quisiera moverse en este mundo de la fotografía. Hay que prepararlos para un oficio y no primeramente para el arte. El arte debiera ser más bien la aparición, cada tanto, de una persona con sensibilidad artística.

-¿Se les vende una ilusión?
-En algunos casos, sí. Los chicos han entrado en una lógica de mucha mezquindad, que es en la que está toda la sociedad, de ver cómo ganar más con el menor esfuerzo. Transmitirles hoy a los chicos un conocimiento, un saber hacer y una pasión por la fotografía, me parece mucho más difícil que antes. Los jóvenes hoy son más escépticos, pero demasiado. Ya no creen en nada, pero no creen en nada con una falta de vitalidad. Y yo creo que hay que buscar las cosas en las que se puede creer. Hay que seguir creyendo en la política, no se les puede dejar sólo a los políticos.

“Hay que aprender el oficio, para entregar cosas más elaboradas y complejas. No es por una nostalgia de los viejos tiempos, la sensibilidad se desarrolla sólo a partir del conocimiento de la técnica. En general estamos asistiendo a un mundo más superficial e imbécil, donde nos quieren vender banalidades por cosas más serias, y nos corren con el Usted no lo entiende. Uno de los desafíos del futuro de la educación es intentar que la gente pueda distinguir entre la masa de lo que se le ofrece, lo que vale la pena. Es tal la cantidad de exposiciones, películas y artículos en los diarios, que es difícil distinguir lo que vale la pena. A los muchachos hay que transmitirles conocimientos sólidos. No hay ninguna línea renovadora que no se apoye en la tradición. ¿Renovación de qué? ¡Tonteras!, hechas sin ningún sustento”.


Poirot y la fotografía chilena

El argentino es, hoy por hoy y desde un lugar que se ha ganado, una de las voces críticas a la modorra fotográfica nacional: “Hay algunos fotógrafos que me parecen de verdad muy buenos: Jorge Aceituno, Claudio Pérez. Pero la fotografía chilena es, aún, una pequeña fotografía, que curiosamente tiene en su seno a uno de los más grandes, Sergio Larraín, una estrella fugaz, fuente inagotable de inspiración”.

A propósito de la controversia con Alejandro Castellote, el curador español de la muestra latinoamericana Mapas Abiertos, en Fundación Telefónica, agraga: “La fotografía chilena me parece todavía pobre. Algunos dicen que no ha tenido suficiente difusión. No es tan así, también faltan fotógrafos. Cuando hay buenos fotógrafos se conocen. Santiago tiene aún un clima muy provinciano, falta mayor dinamismo, hay una falta de conocimientos de autores. Y así ocurren cosas como esto de Luis Poirot, para mí un fotógrafo mediocre, que sigue siendo una referencia”.

“Si Castellote te pide nombres de fotógrafos chilenos, dale 50. No hay 50 buenos fotógrafos en Chile, pero dáselos, nadie quedará afuera como para quejarse. Poirot ni siquiera hizo eso. Por su parte, Castellote se equivocó en una cosa. No puede pretender hacer un trabajo sobre un determinado grupo social y luego condicionarlos con un ‘siempre y cuando estén en Internet’. Esa es una mirada muy euro y tecnocentrista. ¿Por qué tenemos que estar en Internet?”

Un momento esencial, que permite el crecimiento de un fotógrafo es poder ver en su fotografía cosas que son más flojas que otras, por distintas razones. Hay que ser críticos. Cuando vi hace unos años atrás esa gran exposición retrospectiva que hizo Poirot en el Bellas Artes, ese hombre había.... me pareció un hombre sin ningún espíritu crítico, había puesto todo ahí. Cada tanto aparecía una foto que valía la pena mezclada de un montón de fotos informativas, familiares... las fotos de un buen aficionado, nada más. De lo que se trata es de que uno supere ese estadio del aficionado, porque aficionados hay muchos, como hay muchas señoras que pintan bouques de flores los fines de semana.

El problema nuestro, la desgracia que estamos viviendo, es que estamos llenos de señoras que pintan el fin de semana y exponen en los lugares más importantes. Y de fotógrafos, cineastas y escultores que no saben nada. Y no hay nadie que venga y les diga mire, usted tiene que ponerse a estudiar, tiene que trabajar muchas más horas, y después le vamos a dar una beca, y pertenecer al glamoroso mundo del arte.

La estocada final, Barraco la da al último de nuetros hitos: “Hay algo que todavía no logra masticar bien, los fotógrafos de la dictadura. Parece que ahí hubo una mejor fotografía, pero también muy marcada por la contingencia de ese momento. No sé si toda esa fotografía de verdad es rescatable y perdurará. Tiene un valor ético y moral trascendente, pero sin eso, como lenguaje de calidad, no sé si es tan buena”.


Artículo publicado en la sección de Cultura del Diario Siete. 2006.

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